Hice mi primer diagnóstico de productividad en España, allá por 1994.

Recuerdo haber visto a las 30 personas del departamento trabajando sin parar por más de 8 horas. Nadie levantó la cabeza del escritorio, nadie interactuó con otra gente más allá de lo razonable.

Se puede decir, sin lugar a duda, que todos en esa sala estaban trabajando al 100% de su capacidad. No hay lugar para mejorar la eficiencia en este tipo de departamentos. Y, sin embargo, más de la mitad del tiempo empleado era desperdicio.

¿Cómo es posible que uno observe a alguien trabajando sin parar y llame a eso desperdicio? Bueno, es posible, muy posible, pero solo para los que saben identificar el tiempo muerto oculto.

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