“Todo lo que se hace se puede medir, sólo si se mide se puede controlar, sólo si se controla se puede dirigir y sólo si se dirige se puede mejorar”

Alexander Proudfoot, filósofo de negocios y consultor empresarial

El niño se dirige a su madre a las 2 de la tarde y le comenta que no hay nada preparado para la comida y que no hay nada tampoco en la nevera. La madre salta en su cómodo sillón asustada por cuanto que el hambre ya asoma desde hace un buen rato a la puerta.

Delibera, piensa y decide. “A comprar algo al supermercado ahora mismo o pedimos unas pizzas, pero ahora mismo”. Su marido no está en casa por lo que le corresponde tomar una decisión. La vida alimenticia de su vástago está en riesgo, su futuro, su desempeño intelectual y todo lo que a esto acompaña.

A las dos y diez llega el hombre, el padre y esposo, a la casa con un pollo asado en la mano, una ensalada ya hecha y dos barras de pan recién horneadas. Lógicamente, se sorprende de encontrar sobre la mesa unas pizzas ordenadas de manera urgente y ya listas para comer. De la sorpresa inicial surge después confusión y enfado, en ese orden.

“Pero ¿por qué compras pizzas? Y yo, ¿qué hago ahora con el pollo?”.

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