Es decir, ¿puedo generarlo a voluntad o eliminarlo a voluntad cuando ya no me sirve? O, por el contrario, ¿es un sentimiento que viene y va sin que podamos hacer nada para evitarlo? Por supuesto, las respuestas a estas preguntas son aplicables a cualquier sentimiento, no solamente al amor.

Si las personas supieran cómo hacer desaparecer esa sensación de que “sin ti me muero” ante un doloroso desengaño o rechazo amoroso, en el mundo se contabilizarían unos cuantos menos suicidios. Y, sin embargo, se puede eliminar con cierta facilidad. Y técnica adecuada, por cierto. Y no se requieren años de esfuerzo, no. Con tan solo 15 minutos de trabajo efectivo es posible cambiar las sensaciones de amor por alguien para el resto de tu vida. Y si te niegas a creerlo ese es ya el primer obstáculo.

Una amiga me pidió, hace años, que le ayudase con una situación personal sentimental. Voy a compartirla sin dar detalles que comprometan a la persona que confió en mí y, además, porque se trata de una situación tan extraña y peculiar

que estoy seguro de que ninguno de mis lectores y lectoras ha pasado por algo ni cercanamente similar ni conoce experiencia alguna que se le parezca.

Aunque no he dado terapia personal nunca, salvo raras excepciones, le dije a mi amiga que con gusto le dedicaría unos minutos. Ella, contenta por mi apertura, empezó a contarme su extraña situación sentimental.

– Me he enamorado del hombre incorrecto- dijo con una de esas sonrisas que ocultan más bien el llanto.

Aunque enamorarse de la persona incorrecta es raro de por sí, esto no era nada comparado con lo que me siguió contando a continuación.

– ¿Por qué dices que te enamoraste de la persona incorrecta? – Le pregunté. Su respuesta solo hizo más rara la experiencia todavía.

– Porque es un hombre casado y no me lo había dicho cuando le conocí – respondió, yo diría que casi con vergüenza y prosiguió – Yo fui quien le descubrí.

Veamos. Una mujer joven, enamorada de un hombre casado que se lo ocultó, al parecer intencionalmente, y es ella quien lo descubre. Interesante. Jamás había oído situación similar. Curioso por el interés de ayudar a mi amiga, le continué indagando:

– ¿Y por qué no te lo contó desde el principio? Ni contestes, claro, porque si te lo cuenta no sales con él, por supuesto- dije dándome cuenta de que estaba siendo yo muy poco brillante.

– Claro. Yo nunca hubiera salido con un hombre casado – contestó con firmeza – Lo que quiero es que me lo quites de la cabeza para siempre, porque le sigo amando, a pesar de que fui yo quien cortó la relación.

– Tienes razón – asentí – en eso de que no saldrías con alguien casado. Te conozco bien y eres de convicciones firmes al respecto. Cuéntame cómo sucedió, y luego nos olvidamos de él de inmediato.

– Bueno, empezamos a salir. Era muy amable conmigo y se portaba como si no tuviera absolutamente ningún compromiso sentimental. Yo no le pregunté y él no me contó otra cosa. A los seis meses, más o menos, después de ciertas señales y conductas extrañas que indicaban que había alguien más, lo confronté, le pregunté si tenía otra relación, que si estaba casado.

Bien, hasta ahora la situación es curiosa y poco común, pero es que la respuesta de él ante la confrontación la hace todavía más inusual, una rareza cósmica si cabe. Esta respuesta sui géneris es lo que más me impulsó a compartir la historia y es, con seguridad, una respuesta que jamás adivinarías. Mi amiga siguió contando su poco común historia. A estas alturas, puede que estés pensando que me la inventé totalmente porque algo así no es común que suceda, pero te doy mi palabra de que la historia, salvando detalles incómodos de contar, es absolutamente real.

– Me dijo que ya no la quería. Que estaban prácticamente separados. Que solo seguían juntos por los hijos. Que ya estaba punto de pedir el divorcio, porque su vida era un constante suplicio con esta mujer.

Alucinante, ¿no? Espera, espera, que hay más.

– ¿Hijos? ¿Tienes hijos? – preguntó mi amiga sin salir de su asombro – y entonces el incorrecto hombre le contó que tenía dos hijos, que era por ellos que no se separaba, que ya no aguantaba más y que la amaba y solo lamentaba no haberla encontrado antes en su vida.

Sé que es difícil creer una historia como esta y te resultará todavía más difícil creer lo que su incorrecta pareja le prometió y cómo realmente terminó la historia, pero para hacer corta una historia larga, te resumiré que este buen hombre le prometió que estaría divorciado en, calculaba él, unos seis meses. Mi amiga siguió con la relación, recuerda que estaba muy enamorada, hasta que a los seis meses establecidos lo único que su equivocada relación sentimental proporcionaba eran las más floridas y extravagantes excusas para no haber terminado todavía la relación inicial.

Finalmente, mi amiga comprendió que nada iba a cambiar y decidió cortar por lo sano, lo que nos lleva directamente a esa tarde en que me pidió que le ayudase a olvidarse de él para siempre porque trabajaban juntos y cada vez que le veía su corazón sufría, o algo así.

Aplicando algunas técnicas de Programación Neurolingüística como por ejemplo modificación de submodalidades y representaciones internas junto con algunos anclajes y transposición de modalidades sensoriales a experiencias asociadas a los sentimientos buscados y ya, listo. 15 minutos, condicionamiento neuroasociativo y vida nueva.

A lo mejor te resulta tan difícil de creer la situación que te comparto como el que exista un remedio de 15 minutos para algo tan complejo que lleva a las personas a quitarse la vida. Pero, siendo rigurosamente precisos, nadie se quita la vida por un desengaño amoroso. Esa podrá ser la excusa que proporcionemos, pero en realidad existen muchos otros factores involucrados.

En todo caso, entiendo que no creas que dejar de estar enamorado con una técnica rápida es posible. Pero lo es, es perfectamente posible, si sabes cómo funciona el cerebro.

Y de la misma forma, nos podemos enamorar de quien nosotros queramos, usando las mismas técnicas, claro. De hecho, podemos manipular los sentimientos a voluntad o, por lo menos, creer que lo hacemos a voluntad.

Experimentos recientes demuestran que somos una consecuencia de nuestra química cerebral y de las diferentes conexiones eléctricas neuronales que se disparan en un momento dado. Podemos alterar radicalmente nuestro desempeño neuronal si aplicamos los gatillos adecuados y precisos. Podemos mejorar nuestro desempeño o empeorarlo, si eso es lo que queremos.

La periodista Sally Adee cuenta de su experiencia con ciertos dispositivos de inducción de estímulos neuronales llamados “Estimuladores Transcraneales de Corriente Directa”, un casco para todos los efectos, que vivió en un simulador de enfrentamiento contra terroristas en una instalación militar para entrenamiento a tiradores. Realizó la prueba dos veces, usando el casco únicamente en la segunda oportunidad. En la primera experiencia virtual, los terroristas acaban con la periodista rápidamente, siendo ella incapaz de cargar el arma y disparar con suficiente rapidez. En la segunda oportunidad, ya con el casco puesto, además de no sentir nada inusual y no percibir el paso del tiempo, acabó matando, de nuevo virtualmente, a todos los terroristas antes del tiempo límite del juego. Nada mal para alguien que no usaba armas y nada bueno para poder dormir tranquilo esta noche.

En otro experimento conducido para el control de la depresión, los investigadores implantaron un electrodo en el cerebro de los pacientes unido a un ordenador que se había colocado en su pecho y que enviaba estímulos paralizantes hacia la zona cerebral identificada como causante de la depresión.

El experimento, si bien no funcionó en el 100% de los casos, mostró prometedores resultados. De hecho, uno de los pacientes que había reportado una notoria disminución en sus sentimientos de depresión, encontró que varios meses después las sensaciones depresivas habían regresado completamente. Una revisión del sistema implantado encontró que lo único que había ocurrido era que la pila se había agotado antes de tiempo. El cambio de pila regresó al paciente a volver a sentirse libre de depresión de nuevo.

La conclusión es evidente: nuestro cerebro determina nuestros sentimientos. Si bien no es sencillo que todos llevemos un implante cerebral para eliminar el amor o cualquier otro sentimiento que no deseamos experimentar apretando un simple botón, sí existen ciertas prácticas que nos van a ayudar a estar más en control de nuestras emociones.

  1. Aprende a controlar tus sentimientos a través de las dos maneras que tenemos, como regalo de nacimiento, todos los seres humanos y que son el cambio de la fisiología y la modificación de las representaciones internas. Veamos cada una de ellas por separado:
    1. Cambio de fisiología. Trata de hacer lo siguiente. Piensa en algo negativo, no que te haga llorar, pero algo que puedas considerar negativo y que te haya pasado en las últimas dos semanas. ¿Ya lo tienes? Perfecto. Ahora sube los hombros y mira con tu cabeza hacia el techo. Mientras haces esto y sin dejar de hacerlo, pon la sonrisa más tonta que puedas poner. Recuerda no mover tus hombros ni tu cabeza. Vamos, hazlo, por favor. Y sé que puedes poner una sonrisa más tonta todavía. Bien, fenómeno, bien hecho. Ahora, sin mover un músculo, trata de pensar en lo negativo. Si eres como la mayoría de las personas, en esa postura te costará recuperar el pensamiento o experiencia negativa. A este efecto se le denomina conexión cuerpo-mente, mente-cuerpo.
    2. Modificación de representaciones internas. Piensa en la comida que más disfrutas. Si de nuevo eres como la mayoría de los seres humanos, y eso no te hace dejar de ser especial, estarás pensando en algo que se muestra en tu pantalla interna a colores. Bien, ahora ponlo en blanco y negro. Dime algo, en blanco y negro ¿sigue resultando atractivo? No pasa con todos, pero la mayoría de las personas encuentran que ahora la comida no provoca el mismo antojo, de hecho, hasta provoca rechazo en muchas personas. ¿Comienzas ahora a entender qué le pedí a mi amiga que hiciera con su equivocada relación sentimental?
  2. Controla las asociaciones de sentimientos y experiencias que se dan de manera aparentemente casual. Lo que sentimos es, sobre simplificándolo algo, una relación que se da entre la experiencia y los sentimientos que se encuentran en nuestro sistema nervioso en el mismo instante. Por eso, cuando le pedimos a alguien a quien queremos seducir que recuerde la última vez que estuvo totalmente enamorada o enamorado y lo hacemos en el mismo instante en que nosotros estamos presentes, lo queramos o no, estamos asociando ese sentimiento de amor pleno con nosotros mismos.

Por lo mismo, hablar de sus experiencias negativas pasadas no es en lo más mínimo recomendable, si lo que deseas es agradarle a la otra persona. Puedes modificar tus sentimientos, usando las dos herramientas expresadas en el punto anterior, antes de cualquier experiencia. Por ejemplo, si yo me quiero enamorar de alguien en concreto, antes de ver a ese alguien puedo inducir el sentimiento amor extremo en mi y permitir que se asocie con la otra persona al momento de verla. De hecho, eso es lo que sucede en la realidad y lo único que hacemos al usar las técnicas descritas es controlar el proceso conscientemente.

  1. Sé consciente en el uso del lenguaje con el que describes tus experiencias. Tony Robbins, el gurú del desempeño personal óptimo, recomienda que cuando estemos frustrados y vayamos a expresarlo, cambiemos la palabra frustración por entusiasmo o, por ejemplo, enojo por fascinación. Si alguien, comenta Robbins, estuvo a punto de atropellarnos en la calle, en lugar de mostrar nuestro enojo podemos, en cambio, mostrar nuestra fascinación por cómo la gente tiene tanta prisa en llegar a ningún lado. Podemos pensar, inclusive, que, con tanta prisa y estrés, se va a morir mucho antes que nosotros atropellados.

En mis seminarios suelo usar una dinámica de cambio de palabras con las que los participantes realmente se divierten y se vuelven creativos. El juego consiste en cambiar las palabras de ciertas frases por otras que tengan diferentes contenidos emocionales. Por ejemplo, en lugar de decir que no encuentras algo, expresarlo como que lo estás buscando. O en lugar de decir que te sientes perdido o perdida, puedes decir que estás en un proceso de redirección del GPS. O en lugar de decir que alguien te critica desconsideradamente, puedes entenderlo como alguien que te está retando para ser mejor cada día. Créeme, el cambio de palabra modifica signos vitales corporales tales como la tensión arterial, la sudoración, el ritmo cardíaco y, en casos más escasos pero comprobados, el nivel de azúcar en sangre. En el peor de los casos, modificar la manera en que expresamos las cosas nos permitirá al menos enfrentarnos al reto con mejor actitud.

En resumen, tenemos más control sobre nuestras emociones y sentimientos más allá de lo que en general consideramos posible. Ya sea en el plano profesional o personal, el control de nuestras emociones es esencial para desempeñarnos en la vida a plenitud y sentir que tenemos, al menos, algo de control sobre nuestro mundo. El suficiente para sentirnos responsables de nuestros resultados de vida como mínimo.

Y ahora, para terminar, ¿recuerdas algún artículo que hayas leído o escuchado en el pasado que te dio información que encontraste extraordinariamente útil para tu vida? ¿Lo recuerdas? Recuérdalo bien, por favor. El contenido, las palabras, el lugar en el que lo leíste o escuchaste. ¿Lo recuerdas ahora mejor? No sabes cómo me alegro.