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El mundo en que vivimos tiene de todo menos seguridad. Es decir, nada, ni siquiera el pronóstico del tiempo, es seguro que vaya a pasar. Es probable pero no seguro. La experiencia de este mundo, tanto para las personas como para las empresas, es cambiante, insegura y maravillosamente incierta. Es el costo del libre albedrío, costo que yo, personalmente, pago con gusto.

Sin embargo, se gastan enormes cantidades de dinero en aras de obtener seguridad. Lo gastan las personas, las empresas, los gobiernos del mundo. Seguridad, tanto física como económica, financiera, etc. Y es adecuado hacerlo, para compensar las altas dosis de incertidumbre que nos propina la existencia humana.

Existen, sin embargo, aspectos de nuestra sociedad en los que las personas, pecando de ingenuidad en exceso o de un positivismo insensato, se arrojan al precipicio esperando que unas manos divinas estén ahí, justo antes del golpe, para salvarnos. Como la historia del que al caer por un barranco y quedar milagrosamente colgado de una rama, escucha una voz proveniente de no se sabe dónde, pero con un tono suficientemente grave como para alucinar que proviene de Dios mismo, que le dice con serenidad absoluta “Suéltate hijo mío, que yo estaré esperándote para salvarte”. Ilusionado por la revelación, pero algo escéptico, el individuo pregunta “Y, ¿estarás tú solo?”. La voz le contesta “No hijo mío, estarán conmigo San Gabriel y San Lucas, patrón de los médicos”. “Pero, ¿habrá alguien más?”. La voz, algo menos serena, le contesta esta vez “Si lo deseas, puedo pedirles a todas las legiones celestiales que me acompañen en tu salvamento. ¿Con eso te será suficiente?”. “Hombre”, contestó el colgado de la rama, “yo me refería a algo más terrenal, como la policía, los bomberos, una ambulancia…”.

Uno de estos aspectos que se quedan normalmente en espera de milagros es la constitución de una empresa, el llamado emprendimiento. En este asunto, parece que las legiones celestiales nos son más que suficientes. Nos lanzamos a la aventura de hipotecar nuestra vida por varios años esperando que la famosa frase de “Star wars” sea cierta: “Que la fuerza te acompañe”.

Y no es solamente dinero el que posiblemente podemos perder, es la enorme y extraordinariamente importante oportunidad de ser nuestro propio jefe. De lograr, en pocas palabras, un nivel de vida que ningún trabajo en ninguna empresa nos puede dar.

Como los demás aspectos de la vida, emprender representa riesgo y cualquiera que le diga lo contrario le miente. Vivir es un riesgo y es una compensación al mismo razonablemente sensata comprar, si es posible, un seguro de vida. Conducir un vehículo representa riesgo, sobre todo en la Ciudad de México o en Sao Paulo, por lo que tener un seguro de accidentes es muy recomendable. En muchos lugares es obligatorio, pero independientemente de esto es recomendable. Como el cinturón de seguridad, es obligatorio, pero más que eso, es recomendable, muy recomendable, aunque mucha gente no lo usará a menos que la obliguen.

Ahora bien, hasta donde yo sé no existen seguros de éxito al emprender un negocio cualquiera. Puedo asegurar mis piernas, el precio del petróleo a futuro, algún que otro “commodity”, pero no encontraré una compañía de seguros a la que yo le compre uno que pague si mi negocio fracasa. Y si la encuentro, me saldría tan caro que preferiría fracasar y perder todo lo invertido.

Así que, si no puedo comprar un seguro, ¿qué puedo hacer para que mi negocio entre en el mar de la aventura incierta con algunas garantías de salir venturoso? Puedo hacer varias cosas, ninguna con la garantía plena, pero sí aumentando las probabilidades de que mi negocio llegue a crecer y multiplicarse, usando la frase bíblica.

1. Contratar un Coach de Negocios experimentado y recomendado.

No hace mucho, un par de meses, escuchaba de algún compañero de profesión decir que el Coaching estaba muerto ya en España, que nadie quería saber de Coaching. Me decía esta persona, “Ha habido tan malas experiencias que la palabra está casi prohibida”. Estoy seguro que sí ha habido malas experiencias, pero eso no descalifica a una profesión que sirve, y ha servido por decenas de años, a una gran cantidad de negocios y ejecutivos a lograr metas personales y de empresa extraordinarias.

Como con los médicos, hay que encontrar el que se ajusta a mis necesidades (y por supuesto, existen personas que debieran dedicarse a otra cosa menos exigente intelectualmente). Hace ya un par de años, ante la pregunta de un alumno en la Universidad de Vigo, escribí un artículo llamado “Los absolutos del Coaching: una guía básica pero fundamental para usar a plenitud los servicios de un Coach”. Si sigue el enlace, podrá leer el artículo en cuestión y sabrá con cierto grado de precisión cómo elegir un gran Coach para la tarea profesional más importante de su vida: hacer que su negocio triunfe.

2. Consultoría.

Los consultores son expertos en negocios, en cómo hacerlos funcionar a plenitud. Están familiarizados con el negocio que sea, actualizados con la información más exclusiva y, lo más importante tal vez, no poseen la llamada “ceguera de taller”, una “enfermedad” en la que llevamos tanto tiempo en el bosque que ya no vemos los árboles y que afecta a una enorme cantidad de empresarios y ejecutivos, de la que no se pueden curar porque es inevitable.

Como con los coaches, existen consultores buenos y malos. Caros y baratos, eficaces e inútiles. Pero un buen consultor le evitará un sinfín de tragos amargos y de vivir un proceso ineficaz de “ensayo-error”, que es en el que aprendemos equivocándonos. Este proceso de “ensayo-error” no se puede eliminar de la vida, pero se puede reducir significativamente.

3. Interim Management.

Este concepto nació en Inglaterra no hace muchos años y ha ido cobrando fuerza en los últimos tiempos en Europa. Existen asociaciones de Interim Managers por todo el mundo y, con seguridad, existirán en el futuro inmediato muchas más.

Un Interim Manager es un ejecutivo experto y con credenciales personales y profesionales muy elevadas, que se contrata temporalmente como un ejecutivo interno de la empresa para el logro de un objetivo concreto y definido. Yo soy contrario a cobrar de los beneficios, porque elimina la responsabilidad del cliente en obtenerlos, pero la mayoría de los Interim Managers trabajan con ingresos variables que dependen del logro de los beneficios económicos esperados o del cumplimiento de la tarea. En España existe una asociación nacional que contiene mucha más información que la que considera este artículo y puede accederla en este enlace.

4. Apoyos del Gobierno local o estatal.

Aunque la principal preocupación del Gobierno es siempre recaudar impuestos, existen programas de apoyo a emprendedores que consideran ayudas específicas y técnicas en los primeros meses de lanzamiento de su empresa. Están demasiado orientados a los aspectos fiscales y contables, pero siempre se puede encontrar algo de ayuda.

Algo se ha logrado ya: ningún empresario deja los aspectos contables y fiscales sin cuidar y desde un inicio, pero esto es sólo uno de los aspectos a considerar al emprender, y no el más importante.

Los otros aspectos considerados en este artículo se comportan más encontrando a los empresarios que esperando que los empresarios les encuentren a ellos.

Mi punto es que, de la misma forma que un emprendedor ya no necesita que le convenzan de la necesidad de asesoría contable o fiscal o laboral, los emprendedores nuevos y los ya de años inclusive, debieran de entender que, si no usan la ayuda de un experto Coach o de un reputado consultor, van a saber con precisión contable y fiscal cuánto dinero perdieron en un negocio que no contó con los suficientes fundamentos esenciales de operación y estratégicos.

No espere a que un consultor le encuentre. Mejor, anticípese y escoja el mejor consultor o Caoch que este maravilloso mundo le puede proporcionar, que no necesariamente el mejor es siempre el más caro.

  Y, estoy seguro, si busca encontrará.